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     Autoestopista Fantasma

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    Marce Uchiha
    Admin


    Number of posts : 520
    Age : 26
    Location : Konoha Village
    Registration date : 2008-09-25

    PostSubject: Autoestopista Fantasma   Sat Oct 18, 2008 1:07 am


    Almas en Pena haciendo Autostop.

    Autoestopistas Fantasmas


    Una de las historias de fantasmas que más se repiten
    entre las Leyendas Urbanas es la de los autoestopistas
    fantasmas. Almas en pena que murieron en un accidente
    de tráfico o en algún punto de la carretera
    y que se comportan como una persona normal hasta llegar
    a un determinado punto o kilómetro de la autoestopista.


    Por norma general su aspecto es el de un autoestopista
    normal y las personas que les recogen piensan que estan
    ayudando a alguien. Su comportamiento es normal en la
    mayoría de los casos, aunque en otras ocasiones
    se habla de una profunda tristeza o actitudes que demuestran
    que se encontraban "como asustados" cuando se
    acercan al punto donde fallecieron.

    El atormentado en ese momento suele desaparecer (incluso
    con el coche en marcha), aunque en algunos casos al llegar
    a una curva (lugar donde se presupone que fallecieron)
    algunos gritan antes de desvanecerse como consecuencia
    del recuerdo del día de su muerte.
    Personas que han sufrido encuentros
    con Autoestopistas fantasmas han dado descripciones exactas
    del rostro y vestimentas de las personas que recogieron.
    Descripciones que al ser verificadas con familiares o
    informes policiales demuestran que esas personas tuvieron
    un encuentro real.

    A continuación os muestro tres casos celebres que
    si bien no son los más impactantes, son los más
    documentados y con mayor credibilidad que pude encontrar.
    La
    Joven Autoestopista Fantasma


    En 1931 una joven fue asesinada mientras era conducida
    a su casa después de un baile en el O'Henry Ballroom
    de la avenida Archer de Chicago. Vistiendo su blanco vestido
    de fiesta y sus zapatos de baile, fue enterrada en el
    Cementerio de la Resurrección, también en la misma
    calle.

    Durante varios años después de lo ocurrido, algunos automovilistas
    han declarado haber visto a una joven con un antiguo vestido
    blanco practicando el autostop en la avenida Archer. Se
    cuenta que, sobre todo, la recogían hombres solteros o
    que ella subía a los coches sin ser invitada y pedía que
    la llevaran a casa y luego les hacía dejarla en el Cementerio
    de la Resurrección
    . Algunos automovilistas han asegurado
    que la mujer salía del coche sin abrir la puerta.

    Los Autoestopistas suelen desaparecer al llegar a una
    curva.
    Una noche del mes de diciembre
    de 1977 un hombre pasó en coche y reparó en una mujer
    joven vestida de blanco detrás del portón del Cementerio
    de la Resurrección
    . Creyendo que tal vez se hubiera
    quedado inadvertidamente cerrada dentro, el automovilista
    llamó a la policía.

    Pero cuando llegaron, la joven había desaparecido. Notaron,
    sin embargo, que las barras de hierro forjado del portón
    del cementerio estaban ligeramente dobladas hacia fuera
    y distinguieron a ambos lados las huellas de dos manos.

    Supuesta foto de un fantasma en una carretera comarcal
    de EEUU (no muy creible).

    Un Muchacho que Desaparece


    Una noche de invierno de 1965, Mae Doris, de Tulsa,
    Oklahoma, emprendió sola el viaje de sesenta y cinco kilómetros
    para ir a la casa de su hermana en Pryor. .Mientras conducía
    por la autopista 20 -recordó Doris- a pocos kilómetros
    al este de la población de Clarenmore, pasé por delante
    de un colegio y vi a un muchacho que parecía tener once
    o doce años haciendo autostop en la orilla de la carretera.»


    Compadeciéndose de un muchacho tan joven en una noche
    tan fría, Doria detuvo el coche y se ofreció a llevarle.
    «Él subió y se sentó a mi lado en el asiento delantero
    -dijo ella-, y charlamos sobre las cosas de que suelen
    hablar las personas que no se conocen.» Doria le preguntó
    qué estaba haciendo en aquel lugar, y él le dijo: «Jugando
    a baloncesto en el colegio.» El pasajero parecía tener
    1,65 metros de estatura y buena constitución, «como un
    muchacho aficionado a los deportes y que ejercitaba los
    músculos». Era blanco, de cabello castaño claro y ojos
    grises azulados. Pero, sin saberlo, Mae Doria habla recogido
    a un fantasma autostopista.
    El muchacho señaló al fin una
    alcantarilla en las afueras de Pryor y dijo: «Déjeme allí.»
    Como no vio ninguna casa ni luces, Doria le preguntó dónde
    vivía, a lo cual respondió el chico: «Allí.» Ella estaba
    tratando de adivinar dónde era «allí» cuando el pasajero
    desapareció sencillamente. Doria detuvo inmediatamente
    el coche y se apeó de un salto. «Corrí alrededor del automóvil,
    casi histérica -dijo-. Miré en todas partes, arriba y
    abajo de la carretera, a la izquierda y a la derecha,
    pero fue inútil. Había desaparecido.» Más tarde, recordó
    Doria que el autostopista no llevaba chaqueta, a pesar
    del frío invernal. Una conversación casual con un empleado
    de una empresa de servicio público, mantenida dos años
    después del suceso, la enteró de que el personaje fantasma
    había sido recogido por primera vez en el mismo lugar
    en 1936.

    Un
    Autoestopista Pertinaz


    Estaba conduciendo su automóvil desde Mayagüez, Puerto
    Rico, hacia su casa en Arecibo, en la noche del 20 de
    noviembre de 1982, cuando Abel Haiz Rassen, mercader
    árabe que vive en Puerto Rico, cruzó un sector conocido
    como The Chain. Un hombre calvo estaba de pie en la orilla
    de la carretera, haciendo autostop. Haiz Rassen miró al
    hombre, que tenía unos treinta y cinco años y vestía camisa
    gris y pantalón vaquero pardo, y siguió adelante.


    Pero cuando se detuvo ante un semáforo en rojo en la siguiente
    encrucijada, se paró el motor de su coche. Mientras trataba
    de ponerlo de nuevo en marcha, no se dio cuenta de que
    el autostopista abría la portezuela y se metía en el automóvil.


    -Me llamo Roberto -dijo el hombre al sorprendido
    Haiz Rassen-. ¿Tendría la bondad de llevarme a mi casa,
    en la urbanización «Alturas de Aguada»? Hace casi dos
    meses que no veo a mi esposa Esperanza y a mi hijo.

    Una curva un determinado kilometro, alli donde fallecieron
    suelen desaparecer.
    Haiz Rassen se negó, diciendo
    que su esposa le estaba esperando en Arecibo. Pero Roberto
    insistió. El conductor volvió a tratar de poner el coche
    en marcha, y éste arrancó de pronto.

    Convino en llevar a Roberto hasta el restaurante «El Nido».
    En el curso del breve viaje, el importuno pasajero le
    advirtió que condujese con cuidado y que no bebiese. Y
    pidió a Haiz Rassen que rezase por él.

    Haiz Rassen se detuvo aliviado en la zona de aparcamiento
    del restaurante. Unos que le observaban de cerca le vieron
    hablar animadamente, al parecer consigo mismo. Uno le
    preguntó si necesitaba ayuda.

    -No -respondió Haiz Rassen-, pero este caballero quiere
    que le lleve a casa.

    Se volvió a su derecha para señalar al pasajero..., pero
    allí no había nadie.

    Estaba tan impresionado que a punto estuvo de enfermar.
    Llamaron a la Policía, y dos agentes, Alfredo Vega
    y Gilberto Castro, le llevaron al hospital local,
    donde refirió su extraña historia.

    Escépticos pero todavía intrigados, los agentes se dirigieron
    a la urbanización y llamaron a la puerta de la casa que
    dijo el conductor que le había indicado Roberto. La abrió
    una mujer que llevaba un niño pequeño en brazos. A preguntas
    de los agentes, respondió que se llamaba Esperanza y que
    era viuda de Roberto Valentín Carbó.

    Su marido, que era bastante calvo, llevaba una camisa
    gris y unos pantalones vaqueros pardos el 6 de octubre
    de 1982, en que había muerto en un accidente de automóvil,
    en el lugar exacto de la carretera donde Abel Haiz Rassen
    le había visto por primera vez seis semanas más tarde..
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